¿La inteligencia artificial está ayudando o debilitando el aprendizaje?

 



La inteligencia artificial llegó para quedarse en la educación. La pregunta ya no es si debe usarse o no, sino cómo se está utilizando y qué ocurre con el aprendizaje cuando una herramienta puede explicar, resumir o resolver en pocos segundos.

La respuesta no es sencilla: la IA puede convertirse en un apoyo poderoso para comprender, pero también en un atajo que permite terminar una tarea sin haber aprendido.

👉 La diferencia no está solamente en la herramienta. Está, sobre todo, en las decisiones de quien la utiliza.

Cuando la IA sí ayuda a aprender

Utilizada con intención, la IA puede ofrecer apoyos que antes no siempre estaban disponibles de manera inmediata. Puede adaptar una explicación, proponer un ejemplo diferente, formular preguntas de práctica o brindar retroalimentación preliminar.

Por ejemplo, un estudiante que no comprende un concepto puede pedir:

• una explicación con palabras más sencillas;

• un ejemplo relacionado con una situación cotidiana;

• tres preguntas para comprobar lo aprendido;

• una comparación entre dos conceptos que suele confundir.

En estos casos, la IA no sustituye el proceso. Lo acompaña. El estudiante sigue leyendo, comparando, preguntando, corrigiendo y tomando decisiones.

La investigación educativa ha señalado que las herramientas generativas pueden ampliar las oportunidades de tutoría, retroalimentación y personalización, pero sus beneficios dependen del diseño pedagógico y de la forma en que se integren en las actividades (Kasneci et al., 2023; Lo, 2023).

Cuando la ayuda se convierte en sustitución

El problema aparece cuando la herramienta deja de apoyar el pensamiento y comienza a reemplazarlo.

Esto ocurre cuando el estudiante solicita una respuesta completa, la copia y la entrega sin analizarla; cuando acepta cualquier resultado porque está bien redactado; o cuando recurre a la IA antes de intentar comprender el problema por sí mismo.

A simple vista, la tarea puede parecer resuelta. Incluso puede estar correcta. Sin embargo, un buen producto no demuestra necesariamente que hubo aprendizaje.

Hay una diferencia importante entre obtener una respuesta y construir una respuesta. La primera puede tomar segundos. La segunda exige relacionar ideas, recuperar conocimientos previos, detectar errores y explicar con palabras propias.

Precisamente ese esfuerzo cognitivo —aunque resulte incómodo— forma parte del aprendizaje.

Una prueba sencilla: ¿podrías explicarlo sin la IA?

Después de utilizar una herramienta de inteligencia artificial, conviene hacer una pausa y preguntarse:

• ¿Comprendo realmente esta respuesta?

• ¿Puedo explicarla con mis propias palabras?

• ¿Puedo identificar qué información necesito verificar?

• ¿Sería capaz de resolver una situación semejante sin copiar el procedimiento?

Si la respuesta es no, probablemente la IA ayudó a completar la tarea, pero todavía no ayudó a aprender.

Esta distinción es especialmente importante porque la IA puede producir información incorrecta, incompleta o inventada con una redacción convincente. Por eso, la UNESCO (2023) insiste en un uso centrado en la persona, con supervisión humana, pensamiento crítico y protección de la autonomía del estudiante.

Aquí entra la autorregulación

Aprender con IA requiere algo más que saber escribir instrucciones o prompts. Requiere autorregulación: la capacidad de planificar, observar y ajustar el propio proceso de aprendizaje.

Un estudiante autorregulado no solo pregunta qué puede hacer la IA. También decide cuándo conviene usarla, para qué propósito y hasta dónde permitir que intervenga.

Antes de utilizarla, puede definir qué necesita aprender. Mientras la utiliza, compara la respuesta con otras fuentes y formula nuevas preguntas. Al finalizar, comprueba si comprendió y qué puede hacer por sí mismo.

Zimmerman (2002) explica que la autorregulación supone orientar pensamientos, emociones y acciones hacia metas de aprendizaje. En el contexto actual, esa capacidad también implica administrar conscientemente la ayuda tecnológica. 


Esta imagen representa visualmente las tres fases de la autorregulación: (1) Definir una meta y planificar. (2) Observar, contrastar fuentes y ajustar. (3) Comprobar la comprensión y valorar lo aprendido.

Una forma distinta de usarla

💡En lugar de pedirle a la IA «hazme la tarea», podemos transformar la interacción:

• «No me des la respuesta. Hazme preguntas para que pueda descubrirla».

• «Revisa mi explicación e indícame qué parte no está clara».

• «Dame un ejemplo y luego propón otro para que yo lo resuelva».

• «Presenta dos perspectivas y ayúdame a identificar sus diferencias».

• «Señala qué afirmaciones debo verificar en fuentes confiables».

El cambio parece pequeño, pero modifica el papel del estudiante: deja de ser receptor de una respuesta terminada y vuelve a participar activamente en la construcción del conocimiento.

 Entonces, ¿ayuda o debilita el aprendizaje?

Puede hacer ambas cosas.

La IA ayuda cuando amplía la comprensión, provoca preguntas, ofrece práctica y permite recibir retroalimentación. Debilita el aprendizaje cuando reemplaza la exploración, la toma de decisiones y el esfuerzo necesario para desarrollar una habilidad.

Por eso, no basta con permitirla o prohibirla. Necesitamos aprender a utilizarla con propósito y enseñar a reconocer cuándo una ayuda está fortaleciendo el proceso y cuándo lo está evitando.

La IA no reemplaza el aprendizaje, pero sí expone sus debilidades. Si no sabemos planificar, verificar, pensar críticamente o evaluar nuestra propia comprensión, la tecnología puede ocultar esos vacíos detrás de respuestas rápidas y bien escritas.

El reto, entonces, no consiste en competir con la inteligencia artificial. Consiste en conservar aquello que ninguna respuesta automática debería quitarnos: la curiosidad, el criterio y la responsabilidad sobre lo que aprendemos.

Me interesa conocer tu experiencia:

👉 ¿Has visto más beneficios o más riesgos en el uso de la inteligencia artificial para estudiar?

Referencias

Kasneci, E., Sessler, K., Küchemann, S., Bannert, M., Dementieva, D., Fischer, F., Gasser, U., Groh, G., Günnemann, S., Hüllermeier, E., Krusche, S., Kutyniok, G., Michaeli, T., Nerdel, C., Pfeffer, J., Poquet, O., Sailer, M., Schmidt, A., Seidel, T., Stadler, M., Weller, J., Kuhn, J., & Kasneci, G. (2023). ChatGPT for good? On opportunities and challenges of large language models for education. Learning and Individual Differences, 103, 102274. https://doi.org/10.1016/j.lindif.2023.102274

Lo, C. K. (2023). What is the impact of ChatGPT on education? A rapid review of the literature. Education Sciences, 13(4), 410. https://doi.org/10.3390/educsci13040410

UNESCO. (2023). Guidance for generative AI in education and research. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000386693

Zimmerman, B. J. (2002). Becoming a self-regulated learner: An overview. Theory Into Practice, 41(2), 64–70. https://doi.org/10.1207/s15430421tip4102_2 

Sobre la autora

Tatiana Ramírez es psicóloga, Máster en Educación con énfasis en Docencia e investigadora.  Comparte estrategias fundamentadas en la psicología educativa y la investigación para fortalecer la autorregulación del aprendizaje, el pensamiento crítico y el uso responsable de la inteligencia artificial.

 


Comentarios